En 2005, Slipknot ofreció uno de los conciertos más caóticos de su carrera en San Bernardino, California. Lo que empezó como un ritual de metal extremo terminó en una ola de disturbios, cuando los fans comenzaron a escalar torres de sonido y destrozar parte del escenario.
La banda siguió tocando entre el caos, y Corey Taylor se negó a abandonar el escenario, demostrando que Slipknot no solo hace música, sino que convoca a una energía salvaje e incontrolable.
Ese show pasó a la historia como uno de los momentos más intensos del metal moderno.