Los shows de Rammstein son sinónimo de fuego, peligro y precisión alemana. Con un nivel de pirotecnia que supera cualquier espectáculo en vivo, la banda ha llevado el metal industrial a otro nivel.
En una ocasión, Till Lindemann (vocalista) sufrió quemaduras de segundo grado por una explosión mal calculada, pero continuó cantando como si nada.
Cada concierto de Rammstein es un espectáculo visual y sonoro, donde el fuego se convierte en un instrumento más. No hay dudas: nadie enciende el escenario como ellos.