Por Eric Novelo
Fotografía: Tania Velasco
El pasado sábado 21 de junio, el Lunario del Auditorio Nacional de la Ciudad de México recibió a un prodigio de la guitarra. Marty Friedman, acompañado por su banda japonesa, conquistó el corazón de sus fans con un show muy enérgico y lleno de virtuosismo, gracias al trabajo de Eyescream Productions.
APERITIVO
Previo al concierto de Marty Friedman, tuvimos un doble acto de apertura para ir calentando motores. En primer lugar, la ya conocida banda Obesity, liderada por Luis Alfredo Ramírez, se encargó de presentar las hostilidades musicales con su propuesta siempre bien ecualizada y atronadora de djent/progresivo instrumental. Si algo destaca en sus presentaciones es la nitidez sonora, por lo que son la banda de confianza para telonear múltiples eventos de Eyescream Prods.
Más adelante, fuimos testigos del poderío de Andy Addams, guitarrista colombiano y residente en Florida, quien estuvo de gira recientemente por Brasil al lado de Kiko Loureiro y Marty Friedman.
LOS SUEÑOS SE CUMPLEN
Andy es la prueba viviente de que los sueños musicales se pueden volver una realidad. “Para todos aquellos que se preguntan si alguna vez podrán salir de gira y tocar con gente como Marty Friedman, les digo que sí es posible y yo soy la prueba de ello”, decía muy emocionado el bogotano, quien ha forjado su camino a base de logros y tropiezos, trabajando en recursos humanos, dando clases de guitarra y al mismo tiempo reventando escenarios como Rock al Parque ante 50 mil asistentes.
El estilo de Andy me gustó mucho; es virtuoso pero humilde, crea sus composiciones originales, pero se apropia de melodías de sus ídolos. En el cierre de su presentación, Addams se aventó un mashup con fragmentos de canciones que lo inspiraron en la infancia: “Separate Ways” de Journey, “Under a Glass Moon” de Dream Theater (¡con todo y solo de guitarra!), el tema principal de Dragon Ball Z, entre otras. El público lo despidió con ovaciones, especialmente tras un solo en el que colocó su guitarra en la espalda y mostró toda la destreza que lo acompaña.
A las 21:30 h dio inicio el acto principal. Uno a uno, fueron apareciendo en el escenario los integrantes de la banda de Marty Friedman, todos ellos provenientes del país del sol naciente. Primero vimos a Naoki Morioka, quien más tarde sería presentado jocosamente como “The Kobe Beef Sex Machine”, un guitarrista joven y con muchísima refinación de la técnica, capaz de solear al nivel del mismo Friedman.
Después vimos a Wakazaemon, bajista zurda con una reputación muy sólida en Tokio, además de un talento innegable. Finalmente, vimos a la “mano derecha” de Marty Friedman, su baterista Chargeee, seguidor de la moda visual kei, quien se lleva las palmas en lo que a animar se refiere. Es, sin duda, pieza clave en la banda de Marty, tanto por su cuadratura rítmica como por su filosofía de entretener al público más allá del instrumento.
MARTY FRIEDMAN
La audiencia explotó cuando subió Marty Friedman al escenario. Una oleada de gritos de “¡Marty, Marty!” invadió el recinto, y así empezó el concierto con la ejecución de “Deep End”, perteneciente a su más reciente álbum Drama (2024). Tras 10 minutos de música continua, Marty se acercó al micrófono para gritar su ya tradicional “¡A huevooooooo!”.
El audio no fue ideal durante la primera mitad del concierto, y tengo la impresión de que Marty Friedman se enojó con su guitar tech en un momento del show, pues le entregó violentamente su instrumento y salió un momento del escenario, tras lo cual su baterista se bajó del escenario para motivar al público a gritar una vez más “¡Marty, Marty!”. ¿Habrá sido actuado? ¿Realmente hubo un problema? No lo sabemos.
EL SHRED NO ES COMO LO PINTAN
Hace años, escribiendo para otro medio de comunicación, describía el concierto de Marty Friedman en el Cantoral en 2018 como una experiencia única, diferente a lo esperado de un guitarrista solista de shred y metal. Marty no es nada como Yngwie Malmsteen, Joe Satriani o Steve Vai. Es mucho más jovial, quizá menos pulcro, pero más comprometido con el espectáculo y la interacción con el público.
En esta ocasión, siete años después de mi primer encuentro con el músico, puedo confirmar lo antes descrito. Marty mueve la boca, grita, se enoja, alza las manos, toca un barrido y luego un riff de lo más metalero. Hace muchas pausas para ver y escuchar a su público, cortes abruptos que te obligan a estar atento. Su show nunca se vuelve predecible, y es quizá eso lo que le ha ganado un séquito de fans alrededor del mundo. Pareciera que el guitarrista estadounidense incorporó en su psique esa visión vanguardista y estrafalaria del rock japonés.
AMISTAD PURA
La última canción del enérgico concierto tuvo un significado especial. Marty Friedman pidió al público que pensaran en sus mejores amigos, aquellos que los acompañan en las buenas y en las malas, esos camaradas con quienes puedes compartir muchas experiencias, como un concierto o una charla con cerveza en mano. Tras ello, pude notar a varios pares de personas darse un abrazo o una palmada en la espalda.
Marty dedicó la canción “For a Friend” a su buen amigo Jason Becker, con quien tuvo el corto pero aclamado proyecto Cacophony, años antes de que Jason sufriera de la terrible enfermedad que lo obligara a alejarse de la guitarra. Sin duda, fue un momento emotivo y un digno cierre al concierto.
VEREDICTO
Si bien Marty Friedman no es para todos los gustos, tiene algo que ofrecer para diversos perfiles de escucha. Hay técnica, hay melodía, hay emoción, hay irreverencia, hay shred, metal, rock y hasta un poco de punk. Si tuviera que elegir sólo dos palabras para definir su concierto, serían virtuosismo y energía.
¡Enhorabuena y suerte en el resto de la gira por Latinoamérica!.
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